La primera referencia al concepto de célula data del siglo XVII, cuando el inglés Robert Hooke utilizó este término, célula (por su parecido con las habitaciones de los sacerdotes llamadas celdas), para referirse a los pequeños huecos poliédricos que constituían la estructura de ciertos tejidos vegetales como el corcho. No obstante, hasta el siglo XIX
no se desarrolla este concepto considerando su estructura interior. Es
en este siglo cuando se desarrolla la teoría celular, que reconoce la
célula como la unidad básica de estructura y función de todos los seres
vivos, idea que constituye desde entonces uno de los pilares de la biología
moderna. Fue esta teoría la que desplazó en buena medida las
investigaciones biológicas al terreno microscópico, pues las células no
son visibles a simple vista. La unidad de medida utilizada es el micrómetro o micra (μm), existiendo células de entre 2 y 20 μm.
La investigación microscópica pronto daría lugar al descubrimiento de
la estructura celular interna incluyendo el núcleo, los cromosomas, el aparato de Golgi, las mitocondrias
y otros orgánulos celulares, así como la identificación de la relación
existente entre la estructura y la función de los orgánulos celulares.
Ya en siglo XX, la introducción del microscopio electrónico reveló detalles de la megaestructura celular, y aparecieron la histoquímica y la citoquímica. También se descubrió la base material de la herencia, con los cromosomas y el ADN, y nació la citogenética.
Atendiendo a su organización celular, los seres vivos se clasificarían en acelulares (virus, viroides) y celulares, siendo estos últimos a su vez clasificados en eucariotas y procariotas.
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